lunes, 6 de octubre de 2014

De la palabra polisémica y engañosa


Te tienes que fiar poco de las palabras porque valen menos que una imagen y, además, tienden al truco verbal del engaño, de la magia del lenguaje y la lengua. Son poco de fiar, digo, pero bonitas…, bueno, a veces son bonitas, en algunos casos muy bonitas, sublimes si las pronuncia Gabriel García Márquez, por poner un ejemplo tonto, pero poco de fiar. Y sin embargo tenemos el mundo lleno de palabras, muchas de ellas polisémicas y engañosas.

Les damos demasiada importancia, las buscamos para refrendar nuestra opinión, para sustentar nuestras ilusiones o para satisfacer nuestras necesidades. Damos demasiado valor a la palabra dejando de lado los hechos… y las imágenes, claro. Así que nos conformamos con la palabra dada y despreciamos, por no ser pronunciado, el hecho que la acompaña… o no.

Por ejemplo. La puñetera frase “te quiero”. Si pudieran nos la podrían de subtitulo para cada día. ¿Te vas a la compra? Subtítulo “te quiero y una lubina de ración, por favor”. ¿Qué estás en una reunión? “Te quiero y me pasas la última versión del plan estratégico para mañana”. Ni te cuento si te vas a la cama... ahí ya, como no la pronuncies, no vuelves a echar un polvo en tu puñetera vida. 

La gente la pronuncia como quien te pide la hora y, mucho peor, la gente espera que se la pronuncien según te presentan. “Hola, soy Petronila, ya si eso te quiero”.., así, de entrada, para evitarnos las consecuencias de un fallo de memoria y una más que posibles broncas de futuro. Está al alza la frasecita y a la baja su significado. Cualquiera “quiere” a las primeras de cambio… otra cosa es dotar de contenido a semejante frase o simplemente aterrizar su significado.

Porque, claro, puede suceder que la persona que con tanta gracia y desparpajo, a la par que velocidad, te suelta la lapidaria resulta que los actos que la acompañan nada tiene que ver con el significado de la misma. Me explico. Te pueden estar breando a “te quieros” constantes y continuos y sus actos lo que te dicen es “que te den, que ya si eso voy a la mía”.

Pero puede suceder lo contario. Que haya gente no diga ni muerta semejante ordinariez y que en su día a día te demuestre más “te quieros” que los que un subtítulo vital es capaz de asumir. Y dicho esto ¿qué es lo que le gusta a la gente por una amplia mayoría? Los “te quieros”, aunque del dicho al hecho vaya un trecho (mira, me ha salido la vena carpetovetónica).

Yo no soy de “te quieros” soy más de la banda de “el movimiento se demuestra andando”. De hecho desconfío de quien, a las primeras de cambio, me dice que me quiere porque se, por experiencia, que a las primeras de cambio me decepciona. En cuanto se pone a tiro otro escenario más suculento, el plato del “te quiero” no sirve ni para postre y te quedas con la palabra colgada y el hecho en descomposición.

Sea. Asumamos que nos “quieren” a borbotones. Asumamos, por tanto, que la frase es cierta. Venga, tengamos ese alarde de generosidad y creamos. Ok. Nos quieren, sí pero… ¿para qué? Ese es el quid de la cuestión, la gran pregunta… esa que te dará la respuesta acertada o no. Sí, me quieres pero ¿para qué me quieres? Algunos no están preparados para la respuesta y seguirán prefiriendo solo un "te quiero" de lentejuelas.


jueves, 26 de junio de 2014

Lecciones


El otro día hablando con una amiga, de esas que duran años, comentábamos como ineludiblemente el paso del tiempo ejerce su docencia de manera silenciosa. No da lecciones en aulas magnas, ni pontifica enseñanzas desde pulpitos… pero enseña. Y repasando lo aprendido nos dimos cuenta de que nos ha enseñado lo mismo a las dos y claro, la pregunta era obvia. ¿El paso del tiempo enseña lo mismo a todos o hace distinciones entre sus alumnos? Para pensar…

Soy de la creencia de que la lección es la misma para todos pero no todos tienen la capacidad de aprender lo mismo. Por ejemplo. El tiempo te enseña a no confiar desde el primer momento en cualquiera y, sin embargo, cualquiera le vale a algunas personas sin sopesar las consecuencias. Otro ejemplo. Muchos seres humanos dan todo en sus relaciones cuando la prudencia, y el tiempo, te recomiendan una mínima reserva de futuro. Un ejemplo más. El tiempo te muestra la diferencia entre amigos, colegas y conocidos – como te muestra la diferencia entre un buen polvo y una relación- y recalcitrantemente convertimos a los conocidos en colegas y, a estos, en amigos travistiendo la amistad en un simple pasatiempo.

Así que el tiempo enseña pero no garantiza el aprendizaje. Y el tiempo enseña a todos por igual. Otra cosa es que seas capaz, o quieras, aprender sus enseñanzas.

Y una de las cosas que te enseña es a disfrutar de deliciosas veladas con la gente a la que quieres y te quiere de verdad. Esas risas compartidas, vino en ristre, mezclando confesiones y complicidades. Repasando otros tiempos de errores y aciertos, sabiendo que sí, que echando la vista atrás hay cosas que no harías, de las que te arrepientes y que las enseñanzas recibidas por vivir aquellos momentos eran prescindibles.

-          ¿De qué te arrepientes?, me preguntó.
-          De lo que se arrepiente casi todo el mundo aunque no lo diga: de compartir momentos de tu vida y energías con personas equivocadas.

Pero el arrepentimiento no otorga la oportunidad de rectificar y volver a elegir lo correcto, así que lo único que te queda es no repetir las mismas situaciones ni las mismas personas. Lo que viene siendo un acto de contrición de andar por casa.  

Y llegados a este punto, después de una magnífica botella de vino del Priorat, comparto el consejo que me dio mi amiga: si alguien te quiere, te lo demuestra y no solo te busca cuando te necesita o no tiene nada mejor que hacer. Más de una/o se va a sorprender cuando no haya respuesta para una cerveza…

viernes, 25 de abril de 2014

Palabras pensadas


-          - Tienes las ganas encalladas entre el alma y la cabeza
-         -  Ganas, ¿de qué?
-        -   De hacer lo que quieres sin pensar en lo que necesitas, en la lógica de la vida…
-         -  Lo que quiero eres tú
-         -  Pero no lo que necesitas

Podría ser un pasaje de la nueva obra de teatro o simplemente palabras pensadas que se atragantan entre el corazón y la cabeza…


Eres como una tarde cálida de junio con amenaza de tormenta que siempre estalla… Como el viento que nunca amaina, que jamás se convierte en brisa.., eres el deseo concedido que nunca debió perderse…

¿Ves? Yo también soy capaz de acariciarte el alma con palabras…




martes, 8 de abril de 2014

Por cotidiano… (Explorando el mundo. Parte 1ª)


Hoy me he levantado así, de aquellas maneras. Básicamente pensando y observando… observando el día a día y buscando los detalles que lo hacen tan valioso. Al día a día, me refiero…

Primero de todo: la capacidad de comunicar. ¿No os habéis dado cuenta de que hablamos y no nos entendemos? Y no es por incapacidad lingüística, noooo… algunos hasta tienen un buen demostrado nivel de vocabulario. No. No nos entendemos porque no nos escuchamos, y no nos escuchamos porque, en la mayoría de la ocasiones, o desviamos nuestro interés hacia esa zona personal ubicada entre el pubis y el ombligo, o nos hemos quedado en la superficie sin ganas de profundizar en lo que la otra persona nos dice. Pero existe una paradoja. Nos interesa poco lo que nos dicen pero nos encanta que nos lo digan. Así somos de incongruentes.

Segundo: la facilidad para hacer reír. Sí, si. No todo el mundo tiene esa capacidad sanadora de arrancar una sonrisa al personal, ese traje de bufón existencial por el que hasta los momentos más duros tienen mejor tránsito con una sonrisa… De hecho, cuando por las mañanas observo a la gente con la cara cual bisonte, siempre pienso que eso no tiene que ser bueno. Pero tiene que ser peor pensar que el personal está loco cuando sueltas una carcajada en mitad de un semáforo (doy fe) porque aquello no cuadra con la solemnidad de la vida. Es curioso, buscamos la risa pagada en espectáculos circenses y rechazamos la bendita locura de quien te hace reír sin que lo esperes. Aviso a navegantes. Son este tipo de personas con las que merece pasar un buen trayecto de tu vida.



Tercero: la valentía de acariciar. Y seguro aquí nos hemos puesto guapos. Pues no! No es la valentía de acariciar para lograr mezclar tu sudor y el mío. Eso, aparte de ser una necesidad, no deja de ser sencillo. No. Acariciar para comunicar, volvemos a lo primero de todo, para decir lo que a la palabra se le escapa. No es una caricia carnal, es una caricia al alma que hacen nuestras manos. ¿Difícil? Pues tampoco, solo hay que ser valiente para obviar la confusión de quien interpreta lo contrario al mimo. Si hay confusión se aclara… o no. Pero que el malentendido no te deje dejar de acariciar.

Y todo esto, y más que se me ocurra según vaya observando, es el día a día. Pequeños tesoros que por cotidianos se nos escapan, nos pasan desapercibido. Es una lástima porque, a veces, por cotidiano se nos olvida el valor de cada día.

lunes, 31 de marzo de 2014

Explorando más allá de los sentidos


Hace poco he recibido dos regalos, por mi cumpleaños obviamente, de esos que te tienen entretenida y te hacen pensar. Si los pones uno al lado del otro no tienen nada que ver, uno es un libro y el otro un viaje, pero ambos tienen en común que te hacen explorar, ver más detenidamente… y no solamente con los ojos.

El libro reconozco que me ha dado el método para observar, casi antropológicamente hablando, de la realidad que me rodea. Olores, sabores, tactos, emociones… así que nos pasamos Petronila y yo los días de bici, libro en ristre, parando en rincones curiosos y observando. De hecho, recopilo “muestras”, “cuerpos del delito” de sentimientos incipientes o moribundos… es fácil sentarse y observar como la vida, incluyo al personal, va escribiendo un relato en el que todos participamos y en el que estamos, nos guste o no, interconectados. Es fácil, sí, pero que poco lo hacemos… así que ando con mi librito explorador, mi boli, poniendo atención a lo que me rodea y… flipo. Vamos, que estoy de lo más entretenida.



El segundo ha sido un viaje para descubrir una nueva forma de comer a caballo entre la experiencia sensorial y la empatía personal. ¿Intrigados? No me extraña porque es algo tan sencillo y complicado a la vez, que me cuesta expresarlo. El regalo era sencillo: viaje a Barcelona (perdón a mis amigos barceloneses pero la agenda del finde andaba apretada y no había hueco. Prometo regresar), recorrido por la ciudad y cena en un restaurante en el que no podías usar tus ojos para comer porque era una cena totalmente a ciegas. Sí, a ciegas. Los camareros son invidentes y son ellos los que te guían durante el tiempo entre los entrantes y el postre. Te conviertes por un rato en dependiente, en discapacitado dependiente que no es lo mismo, de aquellos de los que pensamos que dependen de nosotros, videntes completos y orgullosos.



Por un rato estás perdida, asustada, frágil, hasta que poco a poco vas haciéndote a esa nueva realidad y…, pones a trabajar tus otros sentidos. Y es en ese momento cuando descubres otro universo, en algunos momentos más rico, en muchos más aleccionador y en todos mucho mucho más humilde. Calificas olores, sabores… agudizas la sensación táctil y juegas a ver si eres capaz de reconocer los sabores en la oscuridad. Es increíble cómo nos condiciona la vista y hasta qué punto nos hace libres la oscuridad. No en vano, en momentos importantes de nuestra vida tendemos a cerrar los ojos y a ver con otros ojos. Con los del corazón o con los de la imaginación, que casi siempre van de la mano.

Quizás lo que más me impactó fue el tacto de las manos de Pilar, nuestra camarera invidente, entre tierno y seguro, guiándonos por una realidad desconocida donde volvimos a ser niñas perdidas (es que éramos todos chicas). Y es un poco como en nuestra vida. En muchas ocasiones, invidentes emocionales, buscamos una mano que nos guie, que nos muestre el camino. Una mano donde reposar y estar seguros… pero, cuando te acostumbras a la oscuridad, a la falta de luz que crees que no tienes, esa mano ya no es necesaria sino que se complementa. Dejas de ser dependiente y simplemente compartes, te pones a la misma altura y haces en momentos también las veces de guía… y es entonces cuando se acaban los miedos y las inseguridades. Es como descubrir la sombra de la luna y ver que es simplemente perfecta.



Por cierto, el viaje a Barna también me ha servido para reconciliarme con una ciudad de la que tenía muy malos recuerdos, de esos que te gustaría no haber tenido nunca y que solo han servido para dar significado a la palabra olvidar. Ahora sí que sí: Barcelona tiene una melodía preciosa.



lunes, 10 de marzo de 2014

Y mira que nos complicamos la vida


A veces nos empeñamos tanto en buscar lo exquisito que se nos pierden las cosas buenas. Y las cosas buenas son cosas sencillas. Cosas como caminar por la naturaleza, tomar una cerveza con los amigos, ir al teatro, al cine o simplemente leer un libro en silencio al lado de esa persona, que tampoco es nada exquisito, pero que sin ella la vida es bastante más gris.


Nos hemos acostumbrado a buscar aventuras radiantes, situaciones deslumbrantes, momentos épicos cuando la felicidad se esconde en ese día a día que nos han dicho que es anodino y vulgar. Es esa sensación de familiaridad con la que metes las llaves en el bolso de ella o ese momento relajante en el que haces planes de dos para cuatro. Son esos “¿A ti qué te parece?”, “Prefiero comer pescado” o “llego tarde a casa haz tu la compra”. Son instantes que pasan casi inadvertidos por cotidianos, instantes que sin querer se aferran a la vida pegándose en las paredes de la memoria, en un rincón casi olvidado. Son instantes en los que no nos detenemos a mirar pero que forman el puzzle de nuestra felicidad. No nos damos cuenta hasta que faltan, y cuando faltan….


No. No son ni el boato ni los oropeles. Ni es la persona extraordinaria y desmedida. Es lo simple, lo cotidiano… Es quien te mira con los ojos cerrados y te arranca la sonrisa. Y aun así, aun sabiéndolo, mira que nos complicamos la vida.

martes, 18 de febrero de 2014

Enseñanzas del tiempo


Que el tiempo pasa es un hecho. Que nos enseña cosas debería ser una obviedad aunque para algunos, por muchos años que pasen no van a aprender nada. Y esto es otra realidad.

No hace mucho, mi querido Bartolo puso un vídeo de reencuentro de dos elefantes después de 20 años de separación, viviendo una vida de circo e imagino de sufrimiento. Era una especie de experimento etológico -relativo a la etología que es el estudio del comportamiento animal- para saber cuál sería la reacción de unos animales famosos por su memoria pero con dudas sobre sus sentimientos y emociones.



No hace falta ser etólogo para ver que el documental mostraba a dos animales que, pese al paso del tiempo, no solo no se habían olvidado sino que mostraban lo que parece ser un recuerdo vívido de una amistad resistente al paso de los años. Juegan, se acarician, parece decirse al oído mil palabras retenidas por la distancia… se podría ver esa complicidad que otorga los amigos de toda la vida que, pase el tiempo que pase, en el momento del recuentro es “como decíamos ayer”.

Se podría sacar la conclusión de que los animales, por lo menos estos grandes mamíferos, son capaces de estructurar sus recuerdos en función de sus sentimientos quedando para siempre marcado en su memoria la persona que los forjó a golpe de amistad. Podría ser. La pregunta es si estos animales tuvieron la capacidad de forjar esos sentimientos de manera consciente o somos nosotros los que queremos darle esa explicación con la única intención de humanizar el reino animal. No soy etóloga y no tengo respuesta a esta cuestión, pero me asaltan otras: ¿Es necesario que dejemos pasar los años para manifestar sentimientos que simplemente tenemos y no dejamos salir? ¿Somos capaces de guardar “quereres” resistentes al paso del tiempo? Las personas a las que pensamos, que no tenemos al lado pero que no decimos lo que las echamos de menos, ¿se comportarían como estos elefantes? Es más, ¿deberíamos dejar pasar los años para demostrar o no esta teoría? ¿Queremos a pesar del paso del tiempo o como consecuencia de él?

Los animales parecen querer sin condición y nosotros ponemos condiciones para querer. O vemos que nos quieren con condiciones y nos condiciona querer… No lo sé. No llego a tanto. A lo que llego es a mirar a mi alrededor y ver que a veces falta gente, que están lejos o lejanamente cerca y que, si hay que esperar 20 años para analizar nuestras reacciones, es posible que el experimento se quede poco menos que en agua de borrajas. Posiblemente lo que nos diferencia de los elefantes es que ellos, en su simplicidad, solo usan un factor, el del corazón, en el reencuentro y nosotros ponemos, además, el de la razón.

¿Cuáles son las enseñanzas del tiempo entonces? Una fundamental: que sí, que queremos a pesar del paso del tiempo pero que es ese mismo tiempo el que nos condiciona el querer. Queremos porque necesitamos querer y ser queridos pese a que el gran secreto es que deberíamos querernos para aprender a querer. 

martes, 28 de enero de 2014

Como ejemplo


Seguro que muchos de vosotros sabéis de mis locuras con la bici porque andáis cerquita cruzando los dedos para que no me piñe. Por eso sabréis que el pasado septiembre participé en una prueba cicloturista por la sierra de Madrid donde una chavala tuvo un accidente en el Puerto de La Morcuera que pintaba, ya en los primeros momentos, muy mal.

Era un día soleado, pero subiendo el puerto se puso a llover. Las bicis y la lluvia no se llevan bien y, si para colmo sopla el viento, la cosa se complica. Bajando hacia Rascafría a Eva, la chica del accidente, se le fue la bici por la conjunción de una serie de factores: la lluvia, el viento, la estupidez de cuatro descerebrados que se toman una prueba cicloturista como si fuera el Tour… y chocó contra un “quitamiedos”. La cosa podría haberse quedado ahí. Una costalada y ya. Como tantas otras que, no solo ella, sino todos los que montamos en bici nos hemos dado alguna vez. Pero no. Salió catapultada por el barraco y aterrizo con la espalda en un árbol. Malo. Se secciono la columna. Los que íbamos por detrás ya vimos la gravedad… y ella también. Y para colmo las complicaciones de llevársela a un hospital debido a que el helicóptero no podía aterrizar entre tanto árbol, tanta lluvia y tanto viento.

Decir cómo se nos quedó el cuerpo es una perogrullada. Pensar que nos podía haber pasado a cualquiera de nosotros, otra. Recuerdo que bajando el puerto, empapada, helada y acojonada, solo podía pensar en cómo se le había truncado la vida a la pobre, con su juventud partida por la mitad. De hecho, entre curva y cuesta, pensaba que hubiera hecho si eso mismo me hubiera sucedido a mí. Sombrío, ¿verdad? A mí, que tanto me mola caminar y montar en bici…

Hoy, uno de mis peregrinos me ha enviado un recorte de periódico donde aparecía ella y su futuro. No solo ha aceptado su nueva situación sino que se ha propuesto nuevas metas que igual, antes del accidente, no podría haberse ni planteado. Ahora quiere competir en los Juegos Paralímpicos (Historia de una superación).

Además, en una cuenta de Twitter he visto un artículo interesante sobre las coincidencias, esas situaciones de la vida que supuestamente suceden por y para algo. Y claro, me ha dado por pensar. ¿Es posible que hasta un accidente con resultado de tetraplejia sirva como vehículo para alcanzar algún fin? ¿Puede ser que el diagnóstico más nefasto, léase un cáncer, en uno mismo o en un familiar sirva para darte cuenta que igual, solo igual, el centro de la vida no se mide desde tu ombligo? ¿Pudiera ser que rupturas, despidos, crisis y demás traumas solo sean una pieza que complete una vida, la tuya, que andaba pelín desorientada? O sea, ¿Qué muchos de vosotros estáis en mi vida respondiendo a una oculta razón?

Me da la ligera sensación de que a veces tomo decisiones que sistemáticamente la vida se encarga de que no se lleven a cabo. Suelo empeñarme, trazo plan de acción y lo ejecuto. Medito las situación, sopeso pros y contra y una vez que lo tengo claro, tiro “palante”. Habitualmente lo suelo hacer en aquellos aspectos más personales, en lo relacionado con echar de mi vida a gente que no me encaja pero que, de manera recalcitrante, y pese a todo mi empeño, vuelven y vuelven y vuelven. Cansina la cosa. ¿Es esto la sincronicidad y las coincidencias?


Como no tengo respuesta vuelvo con otra pregunta ¿Sirven ejemplos como el de Eva para modificar nuestras prioridades? ¿Es el toque de atención para darle valor a lo que verdaderamente lo tiene? ¿Pueden hacernos aprender en pellejo ajeno? A mí, desde luego, me ha dejado pensando

martes, 21 de enero de 2014

Si cierras los ojos


Si cierras los ojos tiendes a ver lo que el corazón quiere que veas, lo que te muestra libre de miedos y pesadillas. Es el boceto que dibujas de lo que es posible que ocurra allí, donde todo puede ocurrir.

Si cierras los ojos puedes sentir las caricias debidas, las miradas olvidadas y las palabras que, al borde de los labios, se han quedado asustadas sin salir.

Si cierras los ojos te cubre un tenue manto de colores, que obvia el negro y deja paso al arcoíris de tu sonrisa. Así, sin voces que lo cubran ni gritos que lo espanten.

Si cierras los ojos todavía puedes verme y que te vea. Todavía es posible cogernos de la mano y salir corriendo, correr, escapar hacia donde, si cierras los ojos, nada ni nadie nos puede alcanzar.

Si cierras los ojos escuchas lo que la voz no es capaz de decir, atrapada entre pasados que no se van y futuros que no quieren llegar.

Si cierras los ojos nos encontramos. Así, sin más.



jueves, 16 de enero de 2014

A ver como lo digo para que no ofenda


Si hay algo que no me caracteriza especialmente es la delicadeza en decir las cosas. Borde y borrica son dos adjetivos que mis amigos suelen acompañar al final de mis palabras. No es precisamente la delicadeza mi fuerte y, pese a que debería pensar antes de hablar en muchas ocasiones, termino por dejar salir mis pensamientos libres de ataduras convencionales.

No hace poco, en una velada que apuntaba maneras, se vio truncada por un comentario que se me atragantó entre el jamón y el vino, y del que salió despavorida una frase que acabó con la cena y el posible desayuno. Algo así como “¿y esa gilipollez la has pensado tú solita o la has copiado del Facebook?”. En fin, así vamos mal.

A veces consigo aguantarme las palabras y paso a que no se me note en la cara los pensamientos. Algo así como una expresión donde ni pestañear me atrevo no sea que se confunda con el tic del presidente. Una cara plana, inexpresiva, sin connotaciones no verbales para no caer en el abismo de imprudencia de decir algo inconveniente que me haga perder, si no momentos excitantes, por lo menos agradables. Pero nada. Hasta en esa inexpresión se me nota la intransigencia con la estupidez. Y eso que siempre digo que a mí me provocan por el magín y no por las bragas. Pues ni por esas.

A ver como lo digo para que no ofenda. Verás. Me importa tres cojones la vida privada del personal, los programas del corazón y los chismorreos de tertulias y entrevistas. Me provocan arcadas. Así que debido a mi “déficit de atención a las cosas estúpidas” no sé cuál es la última “noticia” de la que habla todo el mundo. Entiendo que interese a según qué tipo de personas, pero ese no es un tema del que pueda entablar una conversación con nadie. Así de aburrida soy.

Soy de las que leo. Sí. Pero no las memorias de Belén Esteban, de la que la criatura va por la séptima edición (aquí, ¿ves?, voy a pensar mis palabras). Estoy con las de Trajano, pero creo que esas no van a interesar salvo a según que tipo de personas que, por alguna extraña jugada del universo, no se prodigan en mi cama (Nota: acostarse solo con gente que piense y le guste la buena música y el teatro).

Lo de hacer ejercicio no es solo el de origen sexual. En este apartado extiendo el significado de la frase a hacer pilates, caminar, montar en bici…, incluso soy tan generosa que acepto ir de compras como animal de compañía, así que cuando me refiero a hacer algo de ejercicio no solo me refiero al “único” ejercicio. Cuestión de tener la mente abierta.

No me llama especialmente la atención las personas que se tiran horas frente al espejo pensando que ponerse o que dedican minutos y minutos a pintarse el ojo y montarse en el tacón. Debe ser porque, como para mí Fátima cerró el quiosco, el arreglo superficial de los demás me trae al pairo. Así que me echen en cara que no diga lo guapas que están después del tiempo que se han tomado para conseguirlo (en algunas ocasiones con escaso resultado), no me hace sentirme especialmente mal. Todo lo contrario. Me hace sentirme especialmente ágil y salir corriendo dejando a toda tu belleza plantada.

En resumidas cuentas. No soy una persona convencional y en ese “no convencionalismo” no me interesa lo que al común de los mortales sí: ni el balón de oro, ni las disputas de alcoba, ni los cuernos, ni los consejos de amor para salir de una crisis. Todo eso, no solo me parecen estupideces, sino que me provocan reacciones físicas en la piel en forma de urticaria. Sí hay algo que me resulte atractivo es la inteligencia, la capacidad de hacer reír y el compromiso social. Tan sencillo como eso. Sin oropeles, sin grandes alardes.., así, simple como el mecanismo de un chupete.

¿Y a cuento de qué escribo todo esto? No hay ninguna razón. Porque me sale del mismo parrús y porque hoy se me han atragantado las tostadas y el café. Manda cojones.

jueves, 2 de enero de 2014

Haciendo números

Mira tú por donde hoy me he levantado con espíritu matemático y me ha dado por hacer números después de conocer las últimas encuestas electorales. A ver. Según los eruditos sociológicos, a día de hoy, si hubiera unas elecciones la cosa quedaría así:

PP: 34,5%
PSOE: 31,7%
IU: 12,4%
UPyD: 9%
Otros: 12,4%
Abstención: 59,9%

Con estos datos, de los 34,5M de personas con derecho a voto no lo haríamos 20,7M ergo, si aplicamos los porcentajes, el voto de 4,7M de "simpáticos conciudadanos" otorgarían las elecciones a Pancho Villa y sus secuaces (PP) y 1,2M de "chicos listos" del extremo centro, el poder. Conclusión. 5,9M de los 34,5 posibles serían los que decidieran nuestro futuro como país. Esto es, si no me equivoco, aprox. el 17%.... Como veis, muy legítimo todo... 

Yo tengo otros números:

Casos nuevos de cáncer al año: 200.000
Coste medio del tratamiento: 50.000€

Sería de ley que los que sustentan estas políticas de austeridad y recortes fueran los que asumieran los costes derivados de sus decisiones ergo les costaría, sólo el tratamiento oncológico, a unos 1.700€ por barba.... Y eso que en la cuenta no incluyo la deuda pública, los presupuestos de los colegios concertados, el copago farmacéutico, la pasta a la Iglesia según el concordado ni lo que hubiéramos dejado de perder si la pasta de los españoles no estuviera en cuentas en Suiza. Veis como estoy generosa? 

lunes, 30 de diciembre de 2013

Pasos....


Voy a dejar de escuchar los debates, sobre todo sí tocan el tema "presos vascos" y sus "pasos". No sabía yo que los delitos de los presos de ETA fueran diferentes porque, literal, tienen una "intencionalidad política". O sea, que sí, que si el finado o finada no es político o política y su asesinato responde a motivaciones no ligadas al ejercicio de su actividad "profesional", el delincuente o delincuenta (estoy que me salgo con el lenguaje de género) es tratado como al común de los mortales aplicándoles en su totalidad los artículos del reglamento penitenciario (incluidos los beneficios contemplados para todos los presos según vayan cumpliendo años y demuestren buen comportamiento e intención de reinsertarse a la sociedad). 

Pues eso, que no todas las víctimas son iguales..., en todo, porque lo único que ha subido en las dotaciones presupuestarias es la subvención a la AVT.... A ver si nos enteramos que la paz se logra con diálogo y no con injusticias, violencias y posturas intransigentes. Pero claro, mientras sean rentables la sangre de los asesinados por ETA (si, ya veis que no defiendo la violencia de una banda terrorista), no van a dejar perder ese comodín electoral. Estoy a favor del diálogo, de la consulta a los pueblos sobre su futuro, de la modificación de la ley electoral, de la eliminación de la ley de partidos, de la justicia y de la paz. 

Estoy a favor del aborto, de la aplicación de medidas para que quien ha hecho los desmanes, los pague (incluyo políticos, bancos y corporaciones multinacionales). Estoy a favor de la sanidad publica, universal y gratuita, de la educación laica fuera de las garras de la iglesia y de una justicia gratuita que haga justicia igual para todos. Y sí, creo que el manifiesto de los presos vascos es un gran paso hacia la paz y que ahora toca dialogar. Y a los que siguen pensando hipócritamente, de un lado y de otro, sobre este tema que les den mucho por el culo.

Que el año que viene nos traiga magín para votar, ganar para cambiar y fuerzas para lograrlo. Por cierto... "Nosotras parimos, nosotras decidimos". 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Navidad, Navidad... Otro año más

Como cada año, un año más, llegamos a estas fiestas con ganas de celebrar y sinceramente veo poco por lo que hacerlo. A poco que una vea las noticias y observe lo que sucede a su alrededor, se convence que, no es que haya poco que celebrar, es que apenas hay nada.

Pese a todo, la sociedad, esa masa informe a la que todo político alude y a la que ninguno conoce en realidad, se empeña en que celebremos. Que sí, que hay que celebrar. Que es Navidad! Tiempo de amor y paz, de reencuentros, de olvidos recalcitrantes, de pasiones... Que sí hombre que sí, que en este tiempo sacamos lo mejor de nosotros y siempre hay tiempo para la alegría... Pues debe ser pero a mi, que este año ando un poco menos alegre, echo un vistazo a mi alrededor, me doy un garbeo, y lo que menos veo son motivos para celebrar.

No quiero ser aguafiestas pero cuando el 26% de nuestro pais está en el umbral de la pobreza, más de dos millones de niños pasan hambre, con casi 6 millones de parados y con este sistema capitalista haciendo alarde de una usura desmedida, celebrar, lo que se dice celebrar, hay poco que celebrar.

Eso si, nos vamos a quedar encantados con que el recibo de la luz "sólo" nos suba un 8% después del susto de habernos amenazado con el 11%. Chico, menos mal!! Casi pagamos un 3% más!! Menos mal que está el salvaguarda de la democracia y la justicia social, ese partido que nos cobija de los demanes del mercado y que en un alarde de honestidad, colaboran con los jueces para que la justicia, esa que es ciega, pueda trabajar sin obice, valladar o cortapisa.

Es cierto que han hecho leyes que igual son un poco restrictivas, pero poco eh, que somos unos exagerados. Al fin y al cabo, sólo nos multan si gruñimos en la calle por esa cosa llamado derechos sociales o, en el caso de las mujeres, por decidir sobre aspectos tan personales como el derecho a parir. No importa que el niño venga un "poquito" malformado porque estos chavalines van a proporcionar a las madres y a sus hijos las ayudas necesarias para que puedan vivir su discapacidad con dignidad. Bueno, siempre tendremos la tele atroz de programas "contraneuronas", el fútbol y esa actividad tan simpática, de nueva creación, que es el "pilla pilla al gay desprevenido", y ya de paso, le jodes un rato por antinatural.

Pues eso, que es tiempo de Navidad y celebraremos cosas como que seguimos vivos, no estamos enfermos, tenemos trabajo y follanos cuando nos viene en gana y nos dejen. Aunque sigo pensando que hay poco que celebrar.... Eso si, en estos días voy a hacer un repasito, como todos los años, a este 2013 que se pira... Balance de momentos y personas, lo mejor, lo peor y lo inadvertido. Balance para mejorar, para modificar y para eliminar, pero sobre todo, para reservar sonrisas, magia y amores para el 2014.  Pues nada, Feliz Navidad.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Hay personas que no debieran irse y otras que no deberían volver


Son pequeñas reflexiones que se tienen cuando pasas un fin de semana estupendo con personas que has conocido en un momento muy concreto y que se descubren como una parte importante de tu vida. Puede parecer mentira pero es posible la amistad verdadera con gente con la que has compartido poco tiempo pero intenso, como en el Camino de Santiago.

Son personas sin egoísmo, de ahí el valor de su compañía porque sabes que si te la brindan es porque te quieren, no porque te necesitan; personas que te ven cómo eres en realidad y no por lo que seas capaz de aportar. Son personas que se preocupan por ti, que están a tu lado aunque estén lejos, que tienen una palabra amable y una sonrisa que regalar… y todo eso sin grandes alardes, ni fanfarrias, ni espectáculos circenses. Puede parecer pastoso, pero es real.

Cuando coincides con este tipo de personas no puedes dejar de pensar que hay gente que está en tu vida y que no debiera irse, léase mis peregrinos que andamos todos desperdigados, y otras que amenazan con volver y no deberían. Esas son las que no enriquecen tu vida, ni te hacen crecer, ni te hacen ser mejor…, teniendo en cuenta que todo esto deberías hacerlo tú sin necesidad de que otro te ayudara. Pero sí que es cierto que existen personas que, solo con hablar con ellas, tu día es un poco mejor y puedes crecer y enriquecerte con mayor facilidad.

Pues esos son mis peregrinos, todos ellos de los distintos caminos. Y a todos les estoy profundamente agradecida porque siempre que les veo, vengo con más fe en el ser humano. Esa misma fe que otros, de manera insistente, te van queriendo quitar y que, si te despistas, te pueden dejar en bragas.

Ellos y mis amigos, Ficus, Mirja, Momo, Raúl, Noema, Cris Cris, Anita, Bartolo…, son mis tesoros, con los que siempre cuento y los que nunca fallan. Ellos son los que nunca debieran irse aunque se tenga que marchar. Que a veces se marchan.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Miradas

Lo que miras y como lo miras define y delimita tu realidad. Son las miradas las que llenan de contenido tu día a día y terminan por ser las responsables de tus sentimientos, de tus pensamientos.... De tu vida.

Te enseñan a leer, a escribir..., te enseñan a sumar, a restar y a hacer cálculos infinitesimales. Pero no te enseñan a mirar. A mirar aprendes con los años, seleccionando, observando y cometiendo errores, muchos errores... Aprendes a mirar en silencio y en silencio descubres que significa lo mirado. 

Quien me conoce sabe que no creo en el amor. Alguna vez vengo con un ataque endocrino y se me escapa dos o tres ideas peregrinas que, en cuanto vuelvo a mirar, desaparecen. No creo en el amor. Cierto. Pero miro con los ojos del corazón y cuando miras con esos ojos todo tu universo se tambalea, te sacude y tienes dos opciones, o sales corriendo, o luchas. 

Decidí hace mucho tiempo que iba a luchar y, de una manera casi conscientemente inconsciente, iba buscando compañeros de viaje. Por prueba-error, muy científica la cosa, han ido entrando y saliendo gente de mi vida. Era sencillo. Muestras una imagen y preguntas que ves. De la respuesta siempre dependía si la persona se quedaba más allá de una etapa, de dos o llegaba al final del camino.

Cuando vas por la calle Serrano, popular calle madrileña, y lo que te devuelve la mirada son ofertas, rebajas y moda, pasando por alto los cada vez más "sin techo" que pueblan prácticamente cada esquina, ya me adelanta que esa persona no puede o no quiere ver más allá. Si es lo primero, tiene un problema. Si es lo segundo, el problema lo voy a tener yo.

Es cierto que me canso de ver injusticias. De personas que tienen que elegir entre tratar su enfermedad o dar de comer a su familia, de los que no han nacido con las mismas capacidades y se les quitan la capacidad de sobrevivir con dignidad. Me canso de ver desahucios, parados, y malos tratos. Me cansa profundamente ver como se destruye la adecuación para facilitar la permanencia de unos borregos que buscan en la violencia soluciones a problemas que ninguno de ellos ha creado. Me canso. Es cierto. Y es posible que por eso busque otras miradas más simples, más de capa. Y cuando me encuentro esas miradas, esas que no invitan a luchar, que sólo quieren mantener su "status quo", las que sólo aspiran a una compañía que disfracen esas soledades compartidas mostrándolas como si fuera amor.., cuando me las encuentro no puedo dejar de mirar su mirada y comprender que no es y que nunca será.

La mirada, esa que te devuelve la realidad por la que luchar, es la base de un amor que no se bien cómo sentir y del qué es mas fácil no creer. Seguiré mirando como siempre he mirado y para no parecer tan rara, como mucho, fingiré ver que no lo he visto... Como mucho.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Y sin embargo..., la dirección


El pasado 18 de octubre acudí a un nuevo estreno de la compañía Réplika Teatro. Esta vez con una obra de esas de calado que te dejan el alma en suspenso y la cabeza en proceso de pensamiento. Iba a escribir que ligera. Pero no. Todo un texto lleno de matices, requiebros y ajustes emocionales de uno de los clásicos del teatro internacional: Chejov. “La gaviota” era la obra en cuestión y la apuesta arriesgada de una compañía que arriesga, que gana con la apuesta y que el día que ponga en marcha una comedia, me la como a besos.

Pero a lo que iba. La obra, en cuatro actos, te da un revolcón de buen hacer escénico así de primeras. Fantástico el ritmo inicial y los actores. Desde el principio se vio que el trabajo actoral iba a estar a la altura del texto pese a que al ser estreno, y esto lo saben bien quien interpreta, el trabajo está aún tierno sin llegar al punto. Así dicho parece que hablo de un churrasco, pero no.

Reconozco que trabajar estos personajes es complicado. Chejov tiene esa puñetera retorcida manía  de escribir personajes poliédricos de mil aristas que no hace más que abocar a los comediantes a un pozo de inseguridades. Por ejemplo. Nina. Así de primeras es una chica inocente, llena de sueños que se enamora de un madurito de éxito que la abandona una vez satisfechas sus necesidades carnales e intelectuales -  esa pobre excusa de meterse en la mente adolescente para conocerla en profundidad y poder escribir al respecto cuando lo que quiere es beneficiarse a una criaturita con ganas de fama y teatro-. Pero no. Nina tiene la fachada blanca y los entresijos grises tirando a amarillo verdoso. Juega con los sueños mientras maquina como alcanzarlos con todas las armas disponibles. Es Heidi y Lolita a la vez. Niña y mujer. Virgen y zorra. Básica y complicada. Intelectual, cazurra, soñadora y realista al mismo tiempo. Un personaje complicado que Beatriz Grimaldo ha conseguido construir dando simultáneamente todas estas pinceladas. Sin duda, es de lo mejorcito de la obra cuando termine de ajustar dos detalles de precisión.

Kostantin o Kostia, a elegir si la relación entre personajes lleva implícitos más o menos situaciones emocionales, es un personaje igual de complicado que Nina. A caballo entre el amor maternal y el odio generacional, Kostia se mueve entre la necesidad de reconocimiento de su madre y la independencia de la figura materna. Oscuro la mayoría de las veces, es solo en el primer acto donde su amor por Nina, por el teatro y la necesidad de demostrar su talento, desprende una luz que poco a poco se va convirtiendo en una bruma gris y espesa donde Raúl Chacón saca lo mejor de su trabajo. Solo un pero. La voz. Me hubiera gustado ver su frustración, su odio, su desesperación sin necesidad de apoyarse en una modulación vocal que le aleja, en algunas ocasiones, de la esencia del personaje. Otro ajuste necesario pero que, pese a todo, Raúl y Beatriz logran hacer una composición magistral que en el último acto eclosiona como tal fuerza que revuelca al espectador en una verbena de emociones.

Irina. Actriz de fama y tacañona hasta decir basta. Con ese glamour que las divas llevan puesto hasta en la cama, se debate entre sus propias inseguridades y sus obligaciones como mujer y madre. Enamorada hasta límites vergonzantes, no duda en arrastrar su ego para no dejar escapar al hombre que será el último tren de su estación. Socorro Anadón me ha pegado algún susto con la voz pero su presencia en muchas partes de la obra transmite, sin necesidad de palabras, todos los matices de un personaje que termina por provocarte las ganas de bajar al escenario y darle 5€ para que le compre un abrigo al niño.

De lo que más me ha sorprendido ha sido el trabajo Manuel Tiedra. Me lo esperaba más plano y ha logrado convencerme de que ese tío achacoso, medio moribundo, prácticamente frustrado, del todo rijoso y con un amor desmesurado por su familia, existe. Convincente. De Rebeca Vecino siempre espero lo mejor y siempre me lo encuentro. Sobria, ajustada al carácter del personaje. Sin un gesto de más ni un movimiento de menos. Ceñida al traje de Masha como un tatuaje. Tan convincente que verla casada con un calzonazos con ínfulas de hombre –Daniel Ghersi saca petróleo de su texto- te deja con ganas de sacudirla y no volverle a enviarle un WhasApp nunca jamás en la vida.

Y ahora toca la dirección que siempre se nos queda en el tintero cuando hablamos de un estreno. La dirección, esa cosa que nadie entiende, que nadie nota y de la que muy pocas personas hablan. La dirección. Pues bien, la dirección es de Jaroslaw Bielski y la adaptación de la obra también. De primeras te da un caramelo al que se le va el sabor en los dos siguientes actos para terminar con dulzor de paladar persistente y ganas de más. Sí. Ritmo y tensión al principio. Perfecta puesta en escena al servicio de una declaración de intenciones que se desvanece en otros dos actos en los que a veces cuesta mantener la atención. Sin embargo, en el último acto se reconcilia con Chejov y con el público y nos ofrece una lección “magister” de como dirigir teatro.

De lo que más me ha gustado de su trabajo es que consigue una coreografía perfecta de los personajes, como en una orquesta donde son el conjunto de los instrumentos, y no el instrumento individual, lo que dan sentido a la obra. Es capaz de, en esa común sinfonía, hacer que destaque cada uno de los actores sin por ello perder la relevancia del resto del elenco. Y esto es difícil, eh! Como difícil es trasladar al espectador la progresiva angustia que se va desprendiendo del texto según va pasando el tiempo. La transformación de los personajes, lo angosto de su universo, lleno de miedos y frustraciones, la oscuridad de un espacio donde se combate a muerte y donde la vida tiene poco valor. Y lo consigue abriendo el interior de la casa con los movimientos de una estructura que termina por anular un espacio, el jardín, donde la vida y las ilusiones iba y venían con fluidez. ¡Bravo!

 Esta vez no se me ha escapado la dirección como no se debe escapar la oportunidad de disfruta de tanto talento. Y una petición: ¿qué tal para la próxima un comedia ligera así para que nos despejemos de tanta realidad? Gracias

Información de la obra. Réplika Teatro

lunes, 23 de septiembre de 2013

A veces....


A veces, solo a veces, la vida nos manda un mensaje tan contundente que es difícil ignorarlo. Por mucho que te hagas la sorda, te afilies al partido autista, vayas silbando mirando al techo o escondas la cabeza bajo el brazo de quien corresponda, el mensaje llega se instala y te deja mirando “pa Tudela”, por poner un ejemplo.

Son esas “cosinas” que la vida te tiene reservadas, que te sorprenden, que no sabes como manejarlas y que tardas tiempo en etiquetarlas… tardas, porque te emperras en que todo aquello que no decides de manera consciente, racional y lógica, no debe de ser bueno ni para la digestión. Pero, hete aquí, que la vida, en su inmensa sabiduría (ay que joderse con los conocimientos) te echa el alto, te pone el cartel en las narices y te invita a cambiar de camino. Cambiar, he ahí la cuestión.

Hace poco -mejor dicho-, hace nada, alguien a quien me ha tocado querer sin yo quererlo, está pasando por uno de esos trances de cambio existencial que te sacuden el alma de la misma manera que el bolsillo (lo digo por la cantidad de pasta que inviertes en libros de autoayuda, psicólogos, cenas con los amigos o cañas a deshoras). Y, la verdad es que no me sorprendió. Visto desde fuera era obvio que tanta resistencia tendría como resultado esos movimientos convulsos que nos dejan “pal arrastre” y que conllevan esas últimas reticencias al cambio. Cambiar de vida, de punto de vista vital, de prioridades, de quereres, de amistades, de pareja, de sensaciones…, de todo eso que te ata a un pasado que no ha funcionado, que te ha desviado de tu camino, que te ha convertido en una más, que te confunde y te engancha a malestares incurables, es un proceso doloroso, incomprendido, a veces no deseado y, sobre todo, desprevenido. Pero hay que hacerlo, y ves esa necesidad en los otros de una manera clara y meridiana…, pero en ti, no.

Así que, observando esos centros al área de la vida en campo ajeno, esas canastas desde la otra cancha que no es la mía, me ha dado por pensar que yo también debo estar en un proceso de cambio porque me levanto con esas ganas irresistibles de emprender cosas y alejar gente. Y te das cuenta de esas veces que te sientas en “esesofáquepareceuncampodefutbol” mientras escuchas, que te diría yo, a Renata Tebaldi, pones pausa en la lectura de un tratado de Antropología y descubres que (atención a la frase) para que vas a tratar a alguien con prioridad si te trata como opción. Y es entonces cuando, en el fragor de la superfrase, en esa exaltación por la ocurrencia narrativa te das cuenta de que has empezado un proceso de cambio que ya es de todo punto imparable. Con las mismas, sigues leyendo el libro y farfullas una frase: “pues que les den”. Y te quedas, con las mismas, más ancha que larga.

Me han dicho que cuando no hay resistencias al cambio y te dejas fluir se te pone el cutis terso como si lo hubieras metido 15 minutos en el congelador. Me parece exagerado, pero sí que se nota otra expresión en la cara y, sobre todo, en la mirada. La tienes, no se, como más brillante, más clara, más limpia. Se te pone una de esas miradas que iluminan y enganchan. ¡Qué se lo digan a la del cambio que se le va pareciendo la mirada a dos faros halógenos!

Pues eso, que no deben de ser tan malos los cambios estos cuando le dejan a una buen cuerpo y mejor jeta.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Así empieza mi próximo proyecto de teatro... "Rask Sharki"



"Mi nombre es Afaf que significa castidad. Creo que mi padre eligió ese nombre para poder hacer un buen matrimonio. Si mi nombre era castidad y la castidad es lo más valorado en una mujer musulmana…, perdón, no he dicho que nací bajo el credo del Islam en un pequeño pueblo de Marruecos… soy de pueblo.., de pueblo marroquí y mi familia es de pueblo.., de pueblo marroquí, sobre todo mi padre que es muy de pueblo y muy marroquí y para él las cabras son importantes, como buen hombre de pueblo y marroquí. Se que cuando nació mi hermano fue el día más grande para mi padre. Un varón, un hijo, un hombre que pudiera pasar a otra generación el nombre de la familia. En mi hermano vio el futuro, grandes leyendas contadas de padres a hijos, hazañas de buenos musulmanes, orgullo, honor… pero cuando nací yo, lo que vio fue.. cabras, muchas cabras, montones de cabras que le darían mucho dinero y posición en la aldea. El día justo de mi nacimiento, me miró los pies, las orejas, las manos y calculó el número de cabras que podía negociar. Cuando salió de la habitación, donde mi madre aún sufría por el alumbramiento, se dirigió directamente a casa de Hamed, el que más cabras tenía en el pueblo y concertó mi matrimonio con su futuro hijo. Yo valgo 38 cabras y una hectárea de terreno. Algo nada despreciable para la economía local.

¿He dicho futuro? Mahmud, mi futuro marido, nació diez años después de tan lucrativo negocio con una belleza aceptable, belleza que fue desapareciendo con el paso de los años. Al cumplir diez ya no se sabía a que especie pertenecía y su inteligencia, algo que no desapareció con los años porque nunca hizo acto de presencia, tampoco le otorgaba ningún valor añadido. Era feo y tonto, agresivo como una alimaña y cabezón como un buey. Y ahí estaba yo, con mis 20 florecidos años, paseando junto a mi prometido de 10, con la belleza de un trol y la inteligencia de una anémona. Tenía que huir. Eso me decía Mustafá, el mufti del pueblo a quien debo la capacidad para leer, entender y conocer misterios más allá de los lindes de la aldea. Él me enseñó los misterios de la lectura con los que descubrí mundos lejanos y culturas extrañas…, cuando tuve edad para darme cuenta de lo que pasaba a mi alrededor empecé a no entender por qué Mustafá me dio privilegios solo reservados a los hombres…, yo creo que era maricón… pero fue mi madre quien me dio el pasaporte para una nueva vida.

Ella me puso en contacto con mi yo más íntimo, me enseñó los secretos del éxito, me dio la oportunidad de saber manejar los hilos de mi vida. Ella me dijo, mueve el vientre, enloquece a los hombres, hazte indispensable a las mujeres y vete de aquí. Y eso hice. Ahora estoy en Madrid dirigiendo una pequeña academia de danza del vientre después de 3 años de peregrinación por los bajos de los camiones de ferias. Ahora soy la maestra del Rak Sharki e intento trasmitir mis conocimientos a través de una danza milenaria que sirve, esencialmente, para llevar a la práctica la teoría del “polvo pendiente”…."

martes, 3 de septiembre de 2013

Res ipsa locutorum


Tendemos a darle demasiada importancia a las palabras que, en muchas ocasiones, contradicen a los hechos. Se nos llena la boca de sujetos, verbos y predicados sin tener la precaución de confirmar que lo que decimos y lo que hacemos no sea lo contrario lo uno de lo otro. Y si nos da por echar un vistazo alrededor, en la mayoría de los casos, muchas de las personas que nos rodean tienen esta fea costumbre. Me explico.

Normalmente suelo darle poca importancia a este tipo de contradicciones porque, a lo largo de mi vida, me he ido topando con gente que me decía una cosa y hacía la contraria y ando en este asunto acostumbrada. Recuerdo una panda que su constante era “te amo”. Daba igual la situación. Te veían y a los dos minutos te soltaban la frase que, por otra parte, valía para todo bicho viviente, bípedo o cuadrúpedo. Pero de la que te despistabas, te dejaban como un trapajo a poco que se aburrieran o te salieras del rail. Del “te amo”, a “puta loca enana” iba un espacio tan largo como un suspiro sin mediar más causa que el aburrimiento. Hay otra variedad, el silencio, y en este caso se agradece porque por lo menos no te ofende la inteligencia la falta de ella en sus palabras.

El caso es que la comparanza de este tipo de personas que me ha venido al magín con las que, “Deo Gratias”, forman parte de mi vida a día de hoy es lo que me ha provocado este revoltijo de palabras que, sin duda alguna, irán acompañadas de sus correspondientes actos. Debe ser porque me voy acostumbrando a la coherencia de la gente que hace y dice lo mismo y desacostumbrándome a la hipocresía de quienes dan tanto valor a sus palabras como a las personas a las que van dirigidas.

En el Camino, lo que decimos y lo que hacemos van de la mano. Lo que vemos es lo que hay. Lo que decimos es lo que hacemos. Esta es la grandeza del camino y de quien lo hace. Que si nos preocupamos por quien camina a nuestro lado, se lo decimos y actuamos en consecuencia. No decimos “te quiero” cada kilómetro pero nos paramos para esperar al que va más lento. No “nos amamos” cada hora, pero no dejamos solo a quien va sufriendo.

Lo mismo que mis amigos, los de siempre y los de nueva adquisición. No nos decimos que nos amamos a todas horas pero nos vamos demostrando el amor a cada instante. No hacemos lo contrario de lo que decimos porque lo que decimos y los que hacemos se complementa. No usamos las palabras para usar a las personas, ni usamos a las personas cuando estamos aburridos, solos o necesitados. No hacemos nada de eso porque nada de eso es necesario. Me he acostumbrado a lo bueno y ahora me chirría lo mediocre.


“Res ipsa locutorum” o, lo que es lo mismo, “los hechos hablan por sí mismos”. Lástima que todavía haya gente que piense que con las palabras se puede seguir engañando al personal. Solo se engaña a quien quiere ser engañado y el engaño solo dura lo que dura la necesidad. Como diría mi abuela, “tanta paz lleves como descanso dejas”.

viernes, 30 de agosto de 2013

Quien no conoce historia…


Llevamos días bajo la amenaza latente de una intervención internacional en el conflicto de Siria. Lejos de aprender de los errores del pasado, estos líderes y lideresas mundiales siguen insistiendo en reproducirlos y volver a crear un campo de minas en mitad de Oriente Próximo. Obama debería haber aprendido la lección que le dejó Bush tan a mano en vez de echar gasolina a un fuego que ya se mantiene por sí solo. Parece como si todo presidente norteamericano necesitara su guerra al final de su mandato. Como una tradición, vaya.

Pero quien crea que en Siria el conflicto tiene que ver con algo parecido a las ganas de libertad que suponemos ha provocado la Primavera Árabe entre la población o con una revolución social de profundidad ciudadana que recorre desde Egipto hasta el Líbano, está de punto a punto equivocado. En Siria no hay nada de eso. En Siria se dirime la supervivencia de una etnia secularmente vejada y maltratada: los alauíes.

Para quien no lo sepa, aproximadamente el 90% de la población musulmana –que no árabe- es de creencia sunita. El 10% restante, unos 100 millones de personas, es de creencia chiita. Los primeros son ortodoxos, los segundos más hippies. Aquellos siguen a Mahoma directamente y los segundos a Alí, su yerno. Por dar más datos, y para alumbrar zonas oscuras de vuestro conocimiento, cuando hablamos de Al Qaeda, los salafistas o los Hermanos Musulmanes, nos referimos a la rama más radical del Sunismo mientras que, por otra parte, cuando lo hacemos de Irán y sus Ayatolás, lo hacemos del Chiismo. ¿Y el Alauismo? Pues esta etnia surgió en el siglo X del Chiismo con una serie de diferencias en sus creencias y liturgias. Por ejemplo. Tienen en común, como todo el mundo musulmán radical, que la mujer sirve para lo que sirve. Básicamente para parir y ser el objeto de placer del hombre. Bueno, también se la usa para hacer la comida, trabajar como un camello o cuidar a los hijos. Pero tienen diferencias a la hora de desarrollar su fe. Por ejemplo, a la prohibición de comer cerdo suman la de comer carne de liebre –esto se me escapa, la verdad- pero si pueden mojarse los labios con vino. Ojo. Solo los imanes, el resto no. No rezan en mezquitas, más bien se lo montan en casa y tienen un libro sagrado al margen del Corán, al que complementan, en el que las mujeres veneran a los árboles y arroyos. Solo las mujeres, los hombres no se sabe. Esto debe ser por algo que han comido en su origen que les ha provocado mutaciones genéticas. En resumen. Por estas diferencias, los sunitas les tacharon de apóstatas y se dedicaron durante siglos a vejarlos, humillarlos con especial predilección por intentar exterminarlos. 

Pero hete aquí que llegan los occidentales y, como tenían que sacar provecho de los países que ocupaban, se apoyaban en las minorías perseguidas para mantener el control sobre sus intereses. En Siria, los franceses y rusos se apoyaron en los alauíes, no confundir con la dinastía alauita de Marruecos, y lograron que una familia de esta etnia, los de Bachar al Asad, se hiciera con el poder bajo una sospechosa pátina de modernidad. A día de hoy, para no perder su poder y volver a ser objeto de persecuciones, se dedican los angelitos a masacrar a esa otra parte de la población que no comulgan con sus creencias.

En definitiva. Las ganas de expansión del Islam, una máxima desde su creación no se sabe bien cuando, ha chocado con la memoria histórica de aquellos que han sido durante siglos perseguidos por salirse religiosamente del guion. Si a esto añadimos los intereses de mercado internacional, la necesidad de dar salida a los excedentes de la industria armamentística, esa tradición de reciente instauración de los presidentes norteamericanos sean republicanos o demócratas, la obligatoriedad de todos de proteger al Estado de Israel y la estupidez  y desconocimiento del ser humano, tenemos esta medio guerra medio conflicto por el que nos rasgamos las vestiduras cuando leemos según que titulares.

A Siria se llega, como siempre, tarde. En Siria llevan meses matándose los unos a los otros frente a la incapacidad manifiesta, una vez más, de la ONU cuyos trabajadores trabajan hasta las tantas para que según qué países se pasen por el forro sus resoluciones. Pero ahora sí. Ahora hay que intervenir, lo diga la ONU o no, porque se han usado armas químicas contra la población indefensa y bla bla bla.., y yo me pregunto, ¿el que se muere por arma química es más muerto que el que lo hace por un fusil? ¿Tiene más valor? Los que han muerto por mortero, bazoca o misil tierra aire, ¿no cuentan en las sumas y restas de la comunidad internacional?

Perdonad la mala leche, pero es esa hipocresía de hacer distinciones entra las víctimas será lo que, a la larga, hará que se vuelvan a cometer los mismos errores. Y por cierto. Quien no conoce historia no tiene conciencia social y está condenada a repetirla. Solo para aclarar el título de esto que al final ni idea de por qué lo he puesto.


Hala ya me he desfogado. Ya si eso en el próximo post nos echamos unas risas.